mitos y leyendas

EL ARBOL DEL VAMPIRO

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1. Jalisco. El árbol del vampiro. 
La historia cuenta que a la Guadalajara colonial llegó un hombre muy rico de Europa, quien todas las noches salía vestido de negro y con una actitud misteriosa. Se llamaba Don Jorge.

Cada que salía aparecían animales muertos, pero éstos se empezaron a convertir en humanos. La gente asustada decidió salir en busca del causante, cuando, cerca del Panteón de Belén, escucharon gritos. Era Don Jorge, atacando con la boca el cuello de un hombre.

La gente lo persiguió, pero él logró huir, así que el cura de Guadalajara lo fue a buscar a su hacienda, para hacerle un exorcismo. El Vampiro juró vengarse de todos, cuando alguien le clavó una estaca en el pecho.

Al morir, lo enterraron en el mismo Panteón de Belén. Pero lo extraño sucedió cuando un árbol empezó a crecer justo por encima de la lápida de Don Jorge, misma que se rompió. La leyenda dice que el día que el árbol sea derrumbado o que las raíces rompan por completo la lápida, Don Jorge, el vampiro, regresará a llevar a cabo su venganza.

Así que no se olviden de visitar el Panteón de Belén cuando vayan a Guadalajara, Jalisco.

EL DIABLO EN EL ESPEJO

mitos y leyendasUnos amigos se reunieron aprovechando las fiestas navideñas para compartir una noche de alcohol y risas a la mitad de un descampado. Como es habitual en este tipo de reuniones, sin saber cómo, empezaron a contar historias de terror y leyendas que conocían. Un par de ellos escuchaban asustados las escalofriantes historias que se contaban, pero la mayoría, que ya llevaba un par de copas de más, aprovechaban para bromear y tratar de asustar con un grito o saltando sobre los amigos cada vez que la narración hacía un silencio.

Sin embargo, cuando Alberto comenzó a contar su leyenda, todos se quedaron como petrificados:

—En Nochebuena, justamente a las doce de la noche, el Diablo hace la inspección en la Tierra, la única en el año, así que si queremos verle tiene que ser en ese mismo día a esa misma hora. Vete al baño, puesto que es el lugar más apropiado para realizar el ritual, y cierra la puerta. Enciende doce velas, negras de ser posible, apaga la luz y sitúate enfrente del espejo. Cuando quede poco para que sean las doce, cierra los ojos y mantenlos cerrados hasta que quede sólo una campanada de las doce que deben sonar. En ese momento el Diablo se aparecerá en el espejo, sólo durante un segundo.

Tras terminar su historia, nadie sabía qué decir, los envalentonados muchachos estaban realmente asustados porque sabían que con las fuerzas del más allá no se debe bromear, y la figura del Diablo siempre ha sido una de las más temidas desde el comienzo de la humanidad.

Pero para Pablo era el momento perfecto de hacerse el machito, él siempre había sido un segundón en el grupo y nadie lo tomaba en cuenta, por lo que era el momento perfecto para sobresalir:

—¡Eso es mentira y yo lo puedo demostrar cuando quieras!

Todos se giraron a mirarle, y rápidamente Alberto contestó:

—Si tan valiente eres, ¿por qué no lo probamos? Dentro de un par de días será Nochebuena, yo mismo pongo las velas. Pero si te echas atrás, te tendrás que comer las doce velitas delante de todo el grupo en Año Nuevo.

—Ok, pero si lo hago y te demuestro lo contrario, ¡quien se comerá las velas serás tú por bocazas!

El grupo se rió, y pasados unos minutos todo parecía haber quedado olvidado; pero para Alberto eso había sido un desafío a su autoridad como el líder del grupo, y no iba a quedar así. Por lo que un par de días después se presentó en la casa de Pablo con una bolsa que contenía doce velas negras, una biblia satánica que le había prestado un amigo gótico de su hermana, un pentagrama con la cabeza de un carnero y una cámara capaz de grabar en la oscuridad que su padre guardaba en uno de los armarios como si fuera de oro. Su intención era que cuando Pablo viera lo «completo» de su ritual de invocación, se echara atrás y le pidiera disculpas, pero lo que no se podía esperar era que el chico, reafirmado en su intención de hacerle comerse las velas frente a todos en la fiesta de Año Nuevo, bromeara sobre el tamaño de éstas:

—¿Qué pasa Alberto, que no las había más grandes? ¿Tanto miedo te da tragártelas delante del grupo que has ido a comprar velas de cumpleaños?

—Tú tranquilo, Pablito, que cuando te cagues del susto al menos las llamas de las velas ocultarán el olor.

Alberto entró en la casa de Pablo y sin dirigirle ni una mirada más pasó al baño de su habitación. Tal y como había visto en varias páginas de invocaciones que había encontrado en internet, colocó cinco de las velas en cada una de las puntas del pentagrama, cuatro de ellas a los lados del espejo y las tres restantes junto a la biblia satánica, que intencionadamente dejó abierta en una página en la que había una especie de invocación o ritual. La escena del cuarto de baño con el pentagrama iluminado únicamente por la luz de las velas era digna de una película de terror, y Pablo, a pesar de tener que hacerse el valiente, sintió cómo se le encogía el estómago al pensar que tenía que entrar solo para realizar la invocación.

—Bueno chaval, hasta aquí puedo estar yo en el baño —dijo Alberto con voz socarrona—. Por si te echas atrás en el último momento y abres los ojos antes de tiempo, te he colocado una cámara de vídeo. ¡Mucha suerte, espero que la historia no sea cierta porque de lo contrario no creo que lo cuentes! —dijo, intentando darle aún más miedo.

Pablo se encontraba dentro del baño con la luz apagada, faltaba menos de un minuto y ya sentía cómo las gotas de sudor le caían por la frente. Una cosa es hacerse el chulito delante de todo el mundo pero otra era encontrarse con ese escenario aterrador y disponerse a invocar al mismísimo Diablo por una apuesta. Sin embargo, reunió todas sus fuerzas para no salir corriendo, y cuando Alberto le avisó cerró los ojos.

Pocos segundos después escuchó la primera campanada del reloj que tenían sus padres en el salón. El miedo que tenía y el silencio eran tales que cada campanada parecía sonar cada vez más lento. Al tener los ojos cerrados, no percibió que con cada campanada se apagaba una vela, como si el mismo Diablo estuviera consumiendo cada una de ellas al ritmo necesario para que se apagaran simultáneamente con el sonido del reloj. Al sonar la campanada número once, tal y como le había indicado Alberto, Pablo abrió los ojos…

Alberto, al otro lado de la puerta del baño, esperaba que Pablo se echara atrás y saliera en cualquier momento, pero tras sonar la última campanada todo quedó en silencio. Llamó a su «amigo» pero no obtuvo respuesta. Ya había transcurrido más de un minuto y Pablo no salía, así que decidió abrir la puerta. Al abrirla, todo estaba a oscuras, y sólo se escuchaba una respiración ahogada en el suelo, un fuerte olor a azufre inundaba el lugar y Alberto sintió que algo iba mal. Encendió la luz del baño y se encontró al otro chico con la cara desencajada del miedo mientras se llevaba fuertemente la mano al pecho.

De puro terror había sufrido un ataque al corazón, y lo único que alcazaba a decir, era: «Lo he visto, lo he visto».

Al llegar al hospital los médicos no salían de su asombro: el corazón parecía estar bien y perfectamente recuperado, no obstante, el chico se encontraba en una especie de shock y no hablaba con nadie, salvo para repetir una y otra vez que «lo había visto».

Días después salió del hospital perfectamente recuperado, al menos físicamente, ya que nunca volvió a ser el mismo. Se convirtió en una persona asustadiza y retraída que frecuentemente se quedaba pensativo y en silencio a mitad de una conversación.

Alberto nunca se atrevió a ver lo que contenía la cinta y decidió tirarla a la basura junto a los objetos que se habían usado en la invocación. Quién sabe si algún día alguien la encontrará y podrá presenciar qué fue lo que vio Pablo antes de que se apagara la última vela. Por su parte, Pablo sabe que volverá a ver al Diablo el día en el que muera, ya que éste vendrá a reclamar su alma en persona.- El Diablo en el espejo

EL ASIENTO DE ATRAS

mitos y leyendasJulián acababa de terminar su turno de noche, únicamente debía dejar el autobús en la cochera antes de regresar a casa, un trayecto de unos 25 minutos (saliendo de la ciudad) que siempre se le hacían eternos.
Mientras transportaba pasajeros su trabajo era entretenido, siempre podía escuchar las conversaciones de los demás o entretenerse mirando la minifalda de alguna jovencita por el espejo retrovisor; pero, con el autobús completamente vacío, los minutos se volvían horas.
Además estaba especialmente cansado, ya que la noche anterior apenas había dormido cuatro horas. Mientras conducía, el sueño le iba venciendo y sin querer pegaba algún pequeño cabezazo.
Se durmió apenas unas décimas de segundo, tiempo suficiente para perder el control del autobús y pegarse el susto de su vida al encontrarse en mitad de la calzada a una chica que asustada trataba de esquivar el pesado vehículo. Todo fue en vano: la velocidad a la que iba el vehículo, unida al estado de aletargamiento del conductor, provocaron que, incluso pisando el freno hasta su tope, el autobús arrollara a la joven. El sonido de las ruedas destrozando los huesos de su delicado cuerpo mientras el trasporte saltaba como si acabara de pasar un obstáculo, estremeció a Julián y lo dejó helado.
Estaba bloqueado, sin duda había sido su culpa, la chica estaba muerta, de eso no había duda. Mirando por el espejo una vez detenido el autobús, se podía ver como el cuerpo boca abajo estaba destrozado. No había nadie cerca que hubiese visto el accidente y miles de ideas se agolparon en su cabeza. Se imaginó en la cárcel y sin nadie que pudiera llevar el pan a la mesa de sus dos hijos. En el mejor de los casos perdería su trabajo ya que había excedido las horas legales en que podía conducir un trasporte. Seguro que su jefe, cuando se iniciara una investigación, le echaría a la calle antes de buscarse problemas él mismo.
Asustado y aún confuso pegó un acelerón comprobando que no hubiera nadie cerca que pudiera identificarle, escapó de allí sin tan siquiera bajarse del autobús y en su huída no respetaba señales de tráfico ni los límites de velocidad. Una fuerte culpa le oprimía el pecho y como por instinto miró por el espejo interior del vehículo, no había nadie en los asientos pero sentía como dos ojos le punzaban en la nuca, como si alguien le mirara fijamente.
Entonces la vio…
En el último asiento había una chica sentada que no dejaba de mirarle, giró su cuerpo para revisar la parte de atrás sin usar el espejo, pero no había nadie. Temblando y con el cuerpo casi agarrotado por el miedo, regresó su mirada a la carretera, pero casi involuntariamente volvió a mirar por el espejo. La chica se levantó y comenzó a avanzar hacia él, de nuevo se giró y no pudo ver a nadie. Un nuevo escalofrío le recorrió la espalda, estaba tan asustado que quería bajarse del autobús y salir corriendo pero incluso para eso era demasiado cobarde.
Julián se giraba una y otra vez a mirar la parte trasera del autobús, no había nadie, pero él sabía que estaba ahí, podía sentir su mirada clavándose en él. No se atrevía a mirar ese espejo que parecía tener algún extraño vínculo con el mundo de los muertos. Pero como la polilla que se acerca demasiado a la llama y acaba quemándose por no poder controlar sus instintos, Julián miró una vez más por el espejo.
La chica no se había movido desde la última vez, estaba en el mismo lugar, como congelada, pero al regresar la mirada de Julián al espejo fue como si se reactivara, avanzó inexorablemente hasta el asiento del piloto mientras Julián, paralizado, no podía apartar la mirada de la joven que se le acercaba, extendió su mano y agarró el hombro del conductor.
Julián sintió como el frío más intenso que jamás pudo imaginar le quemaba el hombro, justo una fracción de segundo después una fuerte luz le alertó de que debía mirar de nuevo hacia la carretera: allí, un camión que circulaba por su carril le avisaba con sus luces de que estaban a punto de colisionar. Julián giró bruscamente el volante y el autobús perdió el control precipitándose por una ladera, el viaje terminó tan bruscamente como comenzó al impactar de frente contra un enorme árbol que igualmente se doblegó ante varias toneladas de acero.
Julián despertó un día después en el hospital, la mirada incriminatoria de una enfermera le alertó de que algo iba mal, deseaba que todo fuera tan sólo un sueño, o mejor dicho una pesadilla. Pero una pareja de policías que habían estado esperando en la puerta de su habitación apareció tras que la enfermera les comunicó que él había recobrado la consciencia.
Buenas tardes, señor, estamos aquí porque existen indicios de que el autobús que usted conducía atropelló a una joven la noche del viernes, se han encontrado restos de sangre que coinciden con los de la víctima y un fuerte impacto en su carrocería.
¿Reconoce usted a la chica de esta foto?
Julián palideció al instante al reconocer al fantasma que vio en el espejo e inmediatamente sintió de nuevo un frío desgarrador en el hombro: la chica aún seguía con él, esperando que cometiera el error de mirar de nuevo a un espejo. La quemadura con la marca de sus dedos en su hombro estaría ahí siempre para recordárselo

LEYENDA LA MUJER DEL TAXI

LA LEYENDA LA MUJER DEL TAXILa leyenda dice que una vez un taxista llamado Arnaldo terminó su turno después de un día largo y agotador. Después de dejar a su último cliente en el lugar deseado, se dirigía a su casa, ansioso por llegar pronto y descansar hasta para el otro día de trabajo. Pero en el camino, vio la primera curva a una mujer muy hermosa, esbelta y necesitaba que alguien la llevara.

A primera vista, Arnaldo se iluminó con la oportunidad, ya que hacia un tiempo en que se había separado de su esposa. Se detuvo con el coche junto a la joven y le preguntó: – ¿Dónde señorita le gustaría ir? Me podría llevar a un lugar cercano de la ciudad? – Pregunta la mujer con tanta dulzura. – La señorita no tiene miedo de estar dando vueltas durante la noche? – Pregunta Arnaldo, descontento con la respuesta de la mujer misteriosa.

Llévame a los lugares más bellos de la ciudad que serás recompensado. Arnaldo aceptó la propuesta y pidió a la mujer que subiera al coche. Curiosamente, ella le pidió al conductor que abriera la puerta para ella, porque no podía tocar el pomo de la puerta.

Este hecho dejó Arnaldo muy confuso, pero eligió continuar con el viaje. El conductor sirve como guía durante la noche. La llevó a los lugares más interesantes de la capital del estado, de los museos históricos como MASP, hasta sitios de interés como el Parque Ibirapuera. En todas partes se detuvo, la misteriosa mujer bajó del coche, de nuevo con la ayuda de Arnoldo para abrir la puerta, y deslumbrado ese momento como un niño viendo algo por primera vez.

Hizo girar y se rió, sorprendido por las maravillas que Arnoldo le presentaba durante el viaje. Arnaldo estaba tan encantado por la belleza de la chica que ni el sueño era capaz de hacer daño a lo largo del camino. En el camino, la hermosa mujer reveló a Arnaldo que ese día era su cumpleaños y ella solía caminar por la ciudad en la madrugada para celebrar la fecha festiva cada año.

Al mismo tiempo, cuando vieron a un hermoso lago, la señorita se quejó de no poder lavarse las manos. El taxista le preguntó por qué, pero ella respondió que no sería capaz de entender. Arnaldo nuevo mezclaba con las características peculiares del cliente. Pasaron muchas horas, era casi el amanecer cuando la mujer pidió al taxista que saliera del lugar donde estaba originalmente. Arnaldo se anima con la cantidad que recibe después de tantas calles transitadas.

Él aparcó el coche. Agradeció el viaje y se iba. El taxista le recordó el pago. Ella le preguntó si pasaría a su casa al día siguiente, porque en ese momento no tenía dinero. Enojado, Arnoldo trató de comprender la situación de la joven y tomó de nuevo una propuesta de la dama misteriosa y bella. Ella le dictó la dirección de su casa, “Calle de las Rosas, 13-66” y luego se alejó. En un instante, la mujer se había ido, pero Arnaldo prefiere dejar eso a un lado y se va a descansar. Por desgracia, el pobre taxista no se dio cuenta que estaba frente a un cementerio en la ciudad.

Al otro día, Arnoldo fue a la dirección que la mujer le había pasado a él. Cuando sonó la campana, fue recibido por una señora. Él dijo lo que había sucedido, pero le negaron que cualquier persona en la familia había estado en un taxi el día antes. Fue invitado a unirse, donde vio una foto de la joven que había pasado la noche con él.

Se confirmó que la señorita que estaba en ese retrato era con la que había salido. La señora se puso a llorar. Arnoldo no entendía por qué. Más tranquilo, la dama mostró al taxista que la imagen era su hija, que hacía tres años que había muerto en un accidente de tráfico en el día de su cumpleaños.

LA NIÑA QUE REZABA POR EL DIABLO

“LA NIÑA QUE REZABA POR EL DIABLO”

Hace ya mucho tiempo en la comunidad de Rincón de Romos Aguascalientes vivía Alondra, una pequeña niña inocente y sin malicia alguna, que era observada con sorpresa y creciente preocupación por sus padres, quienes estaban asombrados y escandalizados por las oraciones nocturnas de la pequeña, al grado de llamar al sacerdote del pueblo, quien pensaba que los padres exageraban su protección y preocupación por la pequeña.

Le invitaron pues a cenar y a observar detenidamente el comportamiento de la chiquilla, la cual no era sino un verdadero ángel a los ojos del clérigo, después de la cena la dulce Alondra se despidió y dirigió a su habitación, así pues los preocupados padres pidieron al clérigo acompañarlos, la oración comenzó normal como algo así:
….”.Y cuida a mi mami, a mi papi, a mi abuela y mis hermanos, ah, y por favor cuida mucho de Lucifer, pues nadie pide por el, yo lo hago en su lugar, amén”.

El padre se horrorizó ante semejantes palabras, pero a pesar de todo, la conducta de la niña era intachable así que el clérigo solo ordeno el vigilar de cerca a la pequeña.
Y el tiempo paso pero lamentablemente las condiciones en las que la pequeña y su familia vivían no eran del todo “Optimas” con frecuencia caían en enfermedades y hambrunas, sin embargo, esto no era motivo para que la pequeña Alondra dejase de rezar por el diablo, “Y cuida de mi mami, mi papi, mi abuela y mis hermanos, ah, y por favor también cuida mucho de Lucifer, pues nadie pide por el, y yo lo haré en su lugar, amén” y así lo decía cada noche.

Un fatídico día de invierno mientras los padres de la pequeña salieron en busca de alimento para ella y sus hermanos la bebé sufrió un lamentable accidente y murió.
La familia era tan humilde que no podían dar sepultura a su bebita y lloraban su miseria, cuando de la nada arribó a la humilde vivienda el mas majestuoso cortejo fúnebre que nunca se había visto en ese lugar u otra parte del mundo, rosas, coronas, una carroza elegantísima jalada por seis percherones negros y al frente del cortejo, un hermoso joven de piel blanca como la nieve, cabello negro y sedoso ataviado finamente en un traje de gran gala negro, tanta belleza cautivaba, pero lo que más impactaba eran sus ojos, rojos como la sangre, como carbón encendido, pero hermosos y cautivadores, bañados en lágrimas que ocultaban la verdadera fiereza de su dueño.
Inició la misa de cuerpo presente, la iglesia estaba a tope y el joven en primera fila seguía llorando sin mirar a nadie sino la pequeña cajita blanca de finísimo alabastro que contenía aquel angelical cuerpo.
Los padres de la niña no se animaban a agradecer o cuestionar a su distinguido benefactor, quien cabizbajo seguía ahí en un solemne y silencioso llanto que desgarraba el alma del más valiente.
Finalmente el cortejo partió al cementerio en donde los padres, hermanos y familiares de la pequeña tan solo pudieron contemplar el sepulcro más majestuoso jamás visto, al ingresar el pequeño féretro a su nido de descanso eterno aquél joven estalló en un llanto que dobló a mas de uno, los padres no sabían que hacer.
Cómo aquella persona desconocida podía haber amado y sentido tanto la muerte de la niña? 
Y como si hubiera leído sus mentes, volvió su fiera pero enternecedora mirada y con pena y dulzura infinita dijo: “Por miles de años el mundo ha buscado la manera de tacharme de lo peor, desde tentador, ladrón, traidor, enemigo, hasta lo más ofensivo y blasfemo, pero ella, ella con su dulzura, su inocencia, su amor infinito, todas las noches sin falta y a pesar de que era castigada por hacerlo nunca dejó de orar y pedir por mi, ni una sola noche”.
Los padres pensaron que se trataba de un maestro de la bebé y le preguntaron pues por su nombre. El joven se alejó y dio la vuelta diciendo: Debes recordar el final de las oraciones de tu propia hija:” Y bendice a Lucifer porque nadie pide por el así que yo pido por todos.”
Dicho esto el joven desapareció.

Cada 24 de enero la majestuosa tumba es adornada de rosas rojas de exquisita belleza y se ve al joven llorar al pie de la cripta…